Ediciones especiales DW-9200 y DW-9600, y el año en que G-Shock arrasaba (con fabulosa galería de imágenes)

En 1998, G-Shock estaba en su punto álgido. Ese fue, en realidad, uno de sus años más productivos en toda su historia. Prueba de ello es que en esa temporada lanzaría al mercado más de 100 variantes, y llegó a la cifra de 14 millones de relojes G-Shock vendidos desde su fundación (si tenemos en cuenta que solo en 2019 vendieron 10 millones de relojes, podemos tener una idea de la enorme evolución y éxito que tiene G-Shock hoy). En ese año vieron la luz una de las mejores y más interesantes colaboraciones con la W.C.C.S. (World Coral Reef Conservation Society), ofreciendo modelos que no solo eran especiales, sino con módulos específicos para esa colaboración, en los DW-9200 y DW-9600.

Estos modelos, además de disponer de un módulo único Data Bank especialmente desarrollado para ellos, tenían la particularidad de incluir cajas de titanio macizo, y roscadas. No fueron los únicos: también se lanzó al mercado la colaboración especial W.C.C.S. para el Frogman DW-8201WC, en titanio y roscado también, y todos ellos en un acabado de correas y biseles semi-transparentes que Casio había puesto en circulación como primicia (fueron los primeros modelos de G-Shock con exterior transparente, tanto en biseles como en correas) y novedad para sus G-Shock DW-6900WC (también en ediciones especiales de la W.C.C.S.) un año antes.

Una pulsera en un reloj

Aunque suelo llevar una pulsera en mi muñeca, cada vez me resulta más difícil conseguirlas. Además, las relojerías cada vez son más escasas, y no me agradan las pulseras que pesen, pero como en España estos complementos de titanio son imposibles de hallar, no queda más remedio que decantarse por otros materiales, como la silicona.

Pero las siliconas tienen «fecha de caducidad», y suele ser relativamente pronto, unos dos o tres años, como mucho, si la cuidas bien. Así que una buena alternativa es usar un reloj Data Bank.