Los modelos antiguos «anti-COVID»

Hace poco os publicamos algunas sugerencias (sugerencias, nada más, que quede claro; cada uno puede llevar, faltaría más, el reloj que más le agrade consigo) sobre los modelos digitales de la Casio actual, muy valiosos en estos tiempos tan crudos de pandemia. Este tipo de artículos que tienen que ver con el coronavirus siguen teniendo una gran difusión y notable éxito (de hecho ha sido uno de los posts más leídos durante la semana), por lo que vamos a profundizar un poco en ello, pero viéndolo desde una perspectiva distinta, diferente y peculiar.

Y es que ahora, y como un ejercicio más bien de curiosidad y de retrospectiva, vamos a echar la vista atrás y hacer mención de algunos de los modelos que, durante los años ochenta – es decir, de los primeros años de Casio, o de sus años más «productivos» -, habríamos elegido como relojes aptos para llevar con nosotros en este apocalíptico escenario.

Los relojes anti-COVID

Dicen que la temida «segunda ola» de la pandemia del coronavirus ya está aquí. ¿Sí? ¿No? Sea como fuere, se confinan zonas de grandes ciudades, aumentan los contagios y, lo más terrible de todo: suben los hospitalizados. Parece un deja-vu de la situación padecida hace unos meses, pero los expertos vaticinan que esto irá a peor, si en los próximos meses el coronavirus se «camufla» con la gripe.

En Argentina, donde han tenido que enfrentarse a ese problema este invierno, se han reducido los casos de gripe en torno al 60%, pero ha sido fruto de una medida drástica: la férrea cuarentena, que los argentinos ya la definían como «cuareterna» por su larga duración.

Segundos relojes para el coronavirus

Aunque todo parezca que ya ha pasado porque la economía tiene que seguir funcionando y la cadena de producción trabajando, ni muchísimo menos. Si prestamos atención a las cifras veremos, no sin cierta desazón, que estamos en números peor que cuando iniciamos el confinamiento y todos nos encerramos en nuestras casas (mejor dicho: nos encerraron) para que «el bicho» no nos pillara y nos vapuleara. Pero síntoma de que las cosas están feas, feas de verdad, es el hecho de que un gobierno tras otro de todos los Estados (incluyendo «aliados» europeos) recomiendan a sus ciudadanos huir de España como de la peste, y a quienes estén aún en territorio peninsular, «que se piren cagando leches». Porque esto va en ascendencia y sin visos de mejorar.

De manera que, si en el confinamiento, que no había nadie por la calle y que te contagiaras casi sonaba a broma – porque las posibilidades eran muy pocas, sobre todo si no tenías perro, ejem… -, se aconsejaba – acertadamente, claro – la práctica de usar como mínimo dos relojes (uno para salir, y otro para cuando estuvieras en casa, dejando el de salir «en cuarentena» hasta que tuvieras que volver a él), ahora con muchísimo más motivo.

El kit de G-Shock, para que los vendedores desinfecten sus relojes como es debido

G-Shock, siempre atento a las necesidades de sus clientes y a su seguridad, no solo se preocupa por desarrollar y construir buenos relojes sino que, además, sigue muy de cerca su proceso hasta el cliente final, para garantizar la máxima satisfacción. Un buen ejemplo de ello es el pack que ofrece para ayudar a que, la experiencia de probar un G-Shock y de comprarlo, no sea solo gratificante, sino segura. De esta forma, siempre que vayamos a adquirir un reloj de Casio, podremos estar plenamente tranquilos de que compramos un reloj limpio y por el que la misma Casio se ha preocupado para que llegue de la mejor manera a nuestras manos.

Así, han reunido en un kit los productos más importantes e imprescindibles que debemos tener, tanto para cuidar nuestro reloj, como para adquirirlo con seguridad en el caso de los vendedores. Este kit, adaptado específicamente para sus relojes y con vistas a sus distribuidores, filiales y representantes oficiales, se compone de mascarillas, gel hidroalcohólico, gamuzas limpiadoras de microfibra, y protectores de muñeca (bueno, serían más bien «recubridores» de muñeca).

La moda de las correas…, para el pelo

Todos los que llevamos reloj a diario, estamos bastante acostumbrados a las correas de resina. Forman parte, diríamos, de nuestra rutina: conocer sus debilidades, cómo cuidarlas, dónde comprarlas al mejor precio, etc. Pero lo que seguramente nunca nos imaginábamos que iba a ocurrir, es que las usaríamos para el pelo. Bueno, mejor dicho, para sujetarnos las mascarillas en la cabeza.

Los salvaorejas parecen ser ese complemento llamado a ponerse de moda, o al menos mientras la amenaza de la COVID-19 permanezca latente entre nosotros. A un precio muy asequible, de solo unos pocos céntimos algunas de ellas, podemos adquirirlas en variados y llamativos colores, incluyendo bonitos neones.

Nada cambiará

Por desgracia -os soy sincero-, no creo que casi nada cambie tras la crisis del coronavirus. Viendo lo que está ocurriendo, cómo la gente está saliendo del confinamiento tratando de seguir con su vida de antes, sin respetar distancia de seguridad alguna, la mayoría sin mascarilla, y sin ningún cuidado ni precaución para con su prójimo, cualquiera diría que buscamos contagios masivos. Todos tratan de volver al modelo antiguo, hacer lo que siempre hacían, y los gobiernos se esfuerzan en proteger el dinero sin que sufran demasiado las personas. Difícil equilibrio. Del coronavirus, exceptuando obviamente en el campo de la medicina, no habremos aprendido nada. Como dice un señor que conozco, después de esto «el muerto al hoyo y el vivo al bollo». Es duro pero es así.

Pero mi mente desequilibrada parece que va a su propia velocidad, y hoy, tal vez en un desesperado intento para huir de todo esto, me ha «atormentado» con un sueño que me atrevo a compartir con vosotros.

¿Tendrá que elevar Casio los precios por la pandemia?

Hemos oído durante estas últimas semanas muy habitualmente la escalada de precios en torno al material sanitario, producida por la escasez de mascarillas, de geles hidroalcohólicos, e incluso de guantes desechables (ahora mismo muy difíciles de encontrar, y desde algunas fuentes señalan que la escasez puede durar incluso hasta noviembre, dada la brutal cantidad de pedidos acumulados para abastecer hospitales, que ha echo saltar por los aires la capacidad de proveer las materias primas).

Sin embargo, pocos hablan del otro gran damnificado: las resinas. La creciente demanda de material de separación como paneles y cabinas transparentes ha hecho que compuestos como el metacrilato empiecen a escasear, y de hecho algunos fabricantes de juguetes ya tienen dificultades por la falta de material para abastecerse. Es curioso que, como ocurrió en la II Guerra Mundial con el acero, sean ahora las resinas lo que escasee, y es precisamente el material principal de muchos de los artículos que usamos a diario. Pero el problema es más grave aún, porque casi todo el material médico (para intubación, exploración, diagnóstico…) suele tener sus cuerpos de resina.

Vender tu mejor reloj

No serán pocos los que en esta crisis «pos-pandemia» acabarán mirando hacia su reloj más valioso y preferido, pero no para ponérselo. Para venderlo. De las primeras miradas de deseo tras el escaparate de la tienda, o tras el listado de la página web, pasarán ahora a unas miradas totalmente diferentes, con un cierto punto de voracidad, como un depredador que mira atentamente a su presa. Mientras se lo plantean, estarán dándole vueltas a la pregunta: «¿cuánto sacaría por él? ¿Cuánto dinero me darían?«.

Otros ni siquiera eso. Otros, acuciados por la necesidad, las deudas, y tal vez también el hambre, preferirán no pensar. Por un reloj que jamás soltarían (y por el que sí habrán soltado una cifra escandalosamente alta que ahora no podrían ni soñar desembolsar), ahora simplemente cogerían lo que les den «y saldrían corriendo». Ni siquiera mirarán atrás, preferirán no hacerlo, intentar borrar incluso aquel bonito y deseado reloj de su memoria; ocultar sus recuerdos.