Una marca de la que podías fiarte

Hace poco leía el terrorífico relato de un señor que adquirió su flamante ordenador por Amazon, y le llegó roto. La tienda se desentendió del asunto, y al final el pobre hombre se quedó sin dinero y sin su aparato. ¿Os imagináis que os ocurriese algo parecido? Supongo que, como él, muchos no tendríamos más opción que patalear y protestar, para al final comernos el marrón.

Ese tipo de cosas son cada vez más habituales en el comercio electrónico: estafas con productos que no te envían, que se extravían, que te llegan defectuosos, o rotos. Eso sin contar aquellos que se quedan en Correos o en la agencia de transporte de turno. Alguna de esas malas experiencias seguro que casi todos hemos pasado y, en muchas ocasiones, hemos tenido que tragarnos la compra y aguantarnos.

¿Son mejores las correas aftermarket que las originales de Casio?

Durante estos últimos meses he estado probando y comparando distintos tipos de correas de un mismo modelo de Casio pero con la diferencia de ser algunas de ellas originales y, otras, fabricadas por terceros. La primera diferencia que vemos y que de inicio queda bien patente se encuentra en el precio: por lo que vale solo un ejemplar de correas originales, en la «marca blanca» nos ofrecen un pack de cinco. No solo eso, llama poderosamente la atención que, mientras en Casio la hebilla es de plástico, las de imitación poseen una hebilla de metal.

Por lo demás, en su diseño no hay casi diferencias, ni en la trabilla ni en su forma, exceptuando que, quizá, las de imitación tienen el agujero del pasador algo más estrecho, por lo que se quedan más firmes sujetas a las asas del reloj. No obstante el pasador es totalmente compatible y podemos usar tranquilamente y sin problema alguno el que nos viene de fábrica al adquirir el reloj.

¿Es recomendable comprar dos modelos del mismo reloj?

«Dos mejor que uno», se suele decir, pero ¿ésta máxima es válida también en relojería? Si tanto apreciamos nuestro reloj, nos agrada y nos parece útil, ¿es recomendable adquirir dos? Bueno, eso demostraría una cosa: que realmente ese reloj nos gusta. Pero, ¿sería práctico? ¿O simple deseo de acaparar?

Es cierto (respecto a esto último, lo de acaparar) que el ser humano es muy proclive a verse afectado por el síndrome de Diógenes. Lo vemos a diario en todo tipo de programas de televisión, y en reportajes en revistas y blogs: gente que empieza «coleccionando» y acaba recolectando cualquier cosa y llenándose de basura. Lo más curioso es que algunos creen tener un tesoro donde no hay más que porquería.

Las ventas de relojes suizos bajan a niveles de 2012

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Mal año para las exportaciones suizas el pasado 2015. Por primera vez desde 2009, las exportaciones de relojes se han visto reducidas con un total de 21,5 millones de francos en cifra de negocio durante el año 2015, lo que supone un 3,3% menos en relación al año anterior (2014) y se sitúan a niveles de 2012.

Este retroceso en ventas se vio sutilmente mitigado por la cantidad de relojes exportados, ya que su reducción fue menos acentuada (de un 1,6%), lo que significa que se vendieron más relojes, pero se ganó menos por ellos (o dicho de otra manera: se vendieron relojes de gamas más baratas). Así, el grueso de las ventas se sitúa a niveles de 2013, con un total de 460 millones de relojes suizos exportados, de entre los cuales la inmensa mayoría (el 80%) corresponden a movimientos mecánicos, los cuales sólo han caído un 2% en ventas, por lo que los causantes del lastre fue en su mayoría debido a relojes de cuarzo, cuyas ventas descendieron un 9,9%. De hecho, si solamente contemplásemos la caída de las ventas en los mecánicos, estaríamos hablando de niveles casi parejos a los del año anterior (2014) y no descenderían a niveles de 2013, como así ha sido si sumamos el descenso ocasionado por ambos tipos de movimientos.