La magnífica colección de relojes de Carlos, en Zona Casio

Hace unas semanas se puso en contacto con nosotros Carlos, un coleccionista de relojes de Casio que había estado acumulando magníficos ejemplares. Nos contaba cómo había empezado a redescubrir sus modelos de la infancia gracias al Museo Marlin y cómo, en páginas como ésta, había podido profundizar en los mismos. Eso le llevó a despertar su afición y su afán por intentar conseguir los modelos que en su día usaba, desde su infancia, y también aquellos añorados y magníficos relojes de la Casio de entonces.

Nos confesaba que había llegado un momento en que decidió parar, en algún instante tenía que detenerse y decir basta, y consideró que ese día había llegado. Entonces decidió quedarse con algunos de los modelos que le inspirasen o le transmitieran algo especial, y deshacerse de todos los demás.

Pro Trek, Collection, G-Shock, Edifice… ¿Con cual te quedas?

Alguien me dijo un día: «lástima no tener más brazos para tantos relojes». Por desgracia para unos (para los que no pueden permitírselo), por fortuna para otros (para los que querríamos tener modelos de todo tipo), Casio últimamente tiene tantos lanzamientos, y tan dispares, que a más de uno le puede llevar a la ruina si no se controla.

Cuando no son modelos en sí, son ediciones especiales (como la Neo Tokyo), muy espectaculares. Cuando no son reinterpretaciones de viejos vintage (A700, DW-7500, DW-5900…), son variantes nuevas de alto nivel (G-Steel, Mobile Link). En fin, que cualquiera puede encontrar en Casio y en sus líneas no solo su modelo favorito, sino unos cuantos.

Coches y relojes

«Le voiture» se dice en francés «coche». Y de coches precisamente vamos a hablar. Coches y relojes, como indica el título. El Casio F-91 podría ser perfectamente el Renault 5, que fue uno de los utilitarios más famosos y comunes en Francia, y en realidad en toda Europa. Aunque los franceses, curiosamente, lo llamaban «le car«.

No obstante si miramos hacia la paupérrima España, aquí el F-91 de los coches debería ser el Seat 600, clónico de los Fiat 500 que, dicen algunos -y aseguran los de Seat, claro-, democratizaron las carreteras y permitió a los españoles de entonces viajar en algo que tuviese motor y cuatro ruedas.

El coleccionismo del hombre pobre

Creo que a todos de nosotros, en mayor o menor grado, nos agrada coleccionar relojes. O, al menos, tener el mayor número posible de variantes de nuestro modelo favorito. El problema es que eso suele requerir de un notable autocontrol que, en momentos, debe ser muy estricto para impedir que se nos vaya de las manos. Empieza por el deseo de tener ese reloj, luego por la emoción de verlo con detalles diferentes…, a continuación, por la excitante espera de que llegue a tus manos, y acaba por la emoción de abrir un paquete por el simple hecho de abrir y ver algo nuevo sin más. Ya lo hemos dicho muchas veces: el coleccionismo es un arma de doble filo, y cuando menos te das cuenta estás bailando al borde del abismo sin querer y sin saber cómo narices has llegado hasta allí. Yo, que lo sufrí en su día, os aconsejo que mucho cuidadito con eso.

Una forma de ponernos barreras «naturales» que permitan disfrutar sanamente del coleccionismo, admirar las piezas que nos gustan y a la par disfrutar con unos límites que nos den una cierta «cordura», es ceñirnos a un modelo en concreto. Claro que en esto no todos los modelos son iguales. Por ejemplo, quien decida coleccionar DW-5600 ya puede irse preparando, no solo porque hay infinidad de ellos, o porque se lancen ediciones especiales muy difíciles de encontrar, sino porque, ya empezando con su primer modelo (el DW-5600C), para dar con él hay que moverse por muchos lados y estar dispuesto a pagar el infladísimo precio que por uno en un estado medianamente decente, se pide hoy por él.

Si eres coleccionista de G-Shock, aquí tienes una buena oportunidad

El GW-B5600 de G-Shock tiene un precio oficial de 139 €, en algunos sitios lo puedes encontrar en oferta por bastante menos, unos 118 € incluso. Pero si estás detrás de este modelo, o eres un coleccionista de ediciones especiales de G-Shock, te interesará esta sabrosa rebaja que ofrecen en la página francesa de Monting. Allí puedes encontrar en oferta este modelo, el GW-B5600-2ER, en su edición especial para Francia, la GW-B5600-2E-FR. El modelo es básicamente el mismo, pero esta edición especial – y limitada – StreetArt que incluye un pack específico y un bote de pintura en spray, la puedes encontrar ahora al sabroso precio de poco más de 111 € (si lo agotan, hay otras páginas que lo tienen en rebaja también).

La verdad es que es una rebaja que no suele ser habitual en este tipo de ediciones. Este pack puede que no te suene demasiado, porque fue una edición solo para Francia (de ahí la «FR» en el nombre del modelo) en colaboración con Loop. El botecito de pintura, por cierto (LP-911 referencia 0-1-3553-8-8043-01) llegó a comercializarse también suelto por su fabricante a un precio de unos 9 €, pero es un producto que a día de hoy se encuentra agotado, así que si quieres el bote, tendrás que hacerte también con el reloj.

El adorno más bonito que podrías poner en una estantería

Probablemente G-Shock sea una de esas marcas de extremos, en donde pueden ser capaces de ofrecernos lo mejor, o lo peor. Podemos encontrar modelos buenísimos y duraderos, y un poco «caricaturas» de reloj. Modelos tan sublimes como los GWF-D1000 Frogman, los GPR-B1000 Rangeman (por supuesto también los MR-G), o los mismos GMW-B5000.

Y luego, están los modelos casi «de usar y tirar», lo DW-5600, DW-5700, DW-6900…, que son un poco «la caricatura» de lo que en realidad fueron esos relojes, y que G-Shock los lanza cada temporada, ediciones especiales y colaboraciones de todo tipo, sabores y colores, para lucir sin más pretensiones que llevar un bonito reloj.

Donar relojes

La acuciante crisis de hace unos años sorprendió a más de uno dejándole al limite de la subsistencia. De poseer unos ingresos más o menos seguros y fijos, pasaron a quedarse totalmente desprotegidos, al borde de la indigencia, sobre todo en la clase obrera, media y baja.

Algunas de esas personas descubrieron de la peor forma que su colección de relojes, a la que le habían dedicado mucho tiempo y pasión y, también, bastantes ahorros, distaba muy lejos de valer lo que en su día habían pagado por cada una de sus piezas. Descubrieron de la forma más cruenta y descarnada que coleccionar relojes es un buen pasatiempo, pero, y casi siempre, una fatal y nefasta inversión.

Otra forma de coleccionar: por números de serie o modelos

A veces no podemos llegar a ser grandes coleccionistas como muchos de los que llegan a tener enormes estanterías de ediciones limitadas de G-Shock. Bien sea porque se requiere una más que destacable inversión, o porque no tenemos la paciencia suficiente para ello.

Podemos centrarnos también en series, por ejemplo la W o la F, pero es tal la dimensión de modelos existenes, que en esta tarea deberíamos invertir incluso más tiempo (y dinero) que en coleccionar G-Shock. Además que series como la F o la W son de las que más poseen versiones de modelos prácticamente imposibles ya de encontrar. Sería una tarea irrealizable coleccionarlos todos.

Vicios

A Casio le debo mucho. No a la marca Casio en sí, sino a sus relojes. No solo por los recuerdos que me han traído, por las satisfacciones que me han dado, y por la cantidad de buenas personas que gracias a ellos he conocido. Aunque todo eso -que no es poco- ya es suficiente, no es solo por eso. Mi afición a ellos hizo que «me olvidara» de otras cosas. Mientras los cuidaba, reparaba o simplemente admiraba (como si de un museo se tratase) evitaron que desperdiciara el dinero en otros artículos, acciones y actitudes que a la larga me habrían perjudicado enormemente. Nunca sabré la de malos momentos que mi afición por estos pequeños y agradecidos digitales me evitaron pasar.

El próximo día 29 (mañana) se celebra el día sin juegos de azar. Es una lacra social no solo el alcohol, que destruye a miles de familias, haciéndolas vivir un infierno, sino esa otra adicción al juego a la que en España, por desgracia, estamos tan habituados.