Segundos relojes para el coronavirus

Aunque todo parezca que ya ha pasado porque la economía tiene que seguir funcionando y la cadena de producción trabajando, ni muchísimo menos. Si prestamos atención a las cifras veremos, no sin cierta desazón, que estamos en números peor que cuando iniciamos el confinamiento y todos nos encerramos en nuestras casas (mejor dicho: nos encerraron) para que «el bicho» no nos pillara y nos vapuleara. Pero síntoma de que las cosas están feas, feas de verdad, es el hecho de que un gobierno tras otro de todos los Estados (incluyendo «aliados» europeos) recomiendan a sus ciudadanos huir de España como de la peste, y a quienes estén aún en territorio peninsular, «que se piren cagando leches». Porque esto va en ascendencia y sin visos de mejorar.

De manera que, si en el confinamiento, que no había nadie por la calle y que te contagiaras casi sonaba a broma – porque las posibilidades eran muy pocas, sobre todo si no tenías perro, ejem… -, se aconsejaba – acertadamente, claro – la práctica de usar como mínimo dos relojes (uno para salir, y otro para cuando estuvieras en casa, dejando el de salir «en cuarentena» hasta que tuvieras que volver a él), ahora con muchísimo más motivo.

La cuestión es que es una medida muy importante, sobre todo en un reloj que tiene tantos recovecos y que puede convertirse en un elemento de transmisión nada desdeñable. Cuando llegas a casa y te desinfectas o, al menos, te limpias y aplicas toda la parafernalia de geles, lavado de manos, brazos, cara, chapuceos en jabón y «refriegas con alcohol» y mil historias que supongo que preferís que ni repita, entre esa rutina se incluye el dejar el reloj – desinfectado a ser posible – sobre una bandeja, recipiente, cajita o lo que sea, y no volver a tocarlo para que los gérmenes que pudieran quedar pegados en él tengan menos posibilidades de andar haciendo de las suyas por tu cuerpo (y por el de tus seres queridos también).

Hecho esto con tu imponente G-Shock, tu lujoso Edifice o tu «rompepiernas» Pro Trek, llega el momento de recurrir a un reloj liviano, más cómodo, apacible y, digamos, menos «guerrero» y más amigable. Imagino que muchos de vosotros recurriréis en este sentido a Collection, tal vez un DW-291, un AE-1200, o un W-735. Es decir, relojes que os ofrezcan de todo también, incluyendo por supuesto la tranquilidad de saber que no ha salido de casa y que está «bien limpito», y que puedas tocar, bañar y duchar, por todas partes y sin remilgos.

O tal vez seas más de clásicos y prefieras uno de los F-91 con transparencias (o sin ellas…), un W-800, un F-201, un F-108 o cualquiera de la galaxia de estos sufridores y asequibles modelos de nuestra apreciada y querida Casio Collection.

Sea como fuere, siempre es muy buena idea, y más en estos tiempos, tener un segundo reloj. Y no solo porque el coronavirus hoy nos obligue a ello sino porque, quién sabe, quizá nuestro reloj principal nos deje colgado en cualquier momento (sobre todo si lleva pila de corta duración), y nos encontramos en un apuro. En ese supuesto, incluso sin smartphone que recargar o perdidos en quién sabe qué lugar, nuestro segundo reloj puede ser de una gran utilidad y convertirse, quién sabe, en nuestro reloj principal. Así que elije un «segundo reloj» para tener «en el banquillo»…, pero elíjelo bien y con cabeza.

| Redacción: ZonaCasio.com / ZonaCasio.blogspot.com