Los fallos de las tecnologías más complejas de Casio: no es oro todo lo que reluce


Casio tiene fama de fiabilidad, dureza y robustez. Ganada a pulso durante muchos años. Pero cada vez más está introduciendo complejos mecanismos y sistemas en sus relojes, que obliga a que la miniaturización y la programación ya no sea lo que era. Por ejemplo, en los modelos Tough-Solar con auto-corrección de agujas (la «automatic hand correction»), no siempre funciona como debería. En teoría, cada 55 minutos el reloj verifica, por un complicado sistema electrónico (que no viene al caso explicar aquí ahora) si las agujas del reloj corresponden, en su marca horaria, con la que ofrece la hora digital. Es conocido el vídeo (lo puedes ver al final de este artículo) en donde todo un Oceanus OCW-T400 con las agujas en posición errónea, el sistema «pasa» olímpicamente de todo y no hace el mínimo caso a la autocorrección.

Otro sistema es el Smart Access. Un buen sistema sin duda, Casio lleva invertido mucho tiempo y dinero en él, pero su dependencia de nada menos que cinco motores (tres de ellos, además, a los extremos) de movimiento hace que sean relojes muy proclives a los campos magnéticos (uno de los componentes microelectrónicos que son más frágiles en ese aspecto). Casio ha decidido «matar moscas a cañonazos», y ante la imposibilidad -de momento- de protegerles, ha incluído en todos ellos el sistema de auto-corrección que hablábamos antes. Es una forma de ganar por una parte, y de perder por la otra.



Otro de los problemas de introducir estas características electrónicas la sufren los WaveCeptores. Sí son útiles, y Casio los ha popularizado hasta la extenuación. Pero la cantidad de errores de recepción (no que no cogieran señal, sino que no la supieran interpretar) ha hecho que haya tenido que tirar de una tecnología suplementaria de ajuste y verificación.

Es lógico y de ley que la complejidad de estos sistemas vaya aumentando, hay que ofrecer al mercado algo nuevo y, de hecho, si se quiere que los relojes analógicos tengan las mismas funciones que sus variantes digitales en múltiples aspectos (como los Pro Trek), se hace inevitable dicha complejidad e hibridación entre sistemas analógicos y digitales. Pero eso lleva consigo no pocos riesgos, y en una tecnología que es muy cara (por ser reciente, relativamente), tal vez habría que preguntarse si de verdad nos merece la pena para un simple reloj.

Casio lleva innovando desde sus inicios, y es bueno que lo haga. De lo contrario se estancaría y no dejaría de ser más que un fabricante de relojes «del montón». Pero tecnologías como Bluetooth en los relojes, el GPS -que acabó abandonando, por cierto- o complejos mecanismos como el Smart Access tienen un precio tan desorbitado que no es ni comparable con lo que nos ofrecía antes (relojes con juegos o simpáticos relojes que nos decían la posición de las estrellas, de los planetas o la temperatura, sin que por ello tuvieras que vender un riñon para pagarlo). Y, en cierta forma, uno se pregunta: ¿no deberían también dedicar un poco de recursos a ofrecer en sus gamas más asequibles ideas tan simpáticas y útiles como tenían?

Obviamente, a ellos, desde el punto de vista puro y duro de las ventas, les interesa mucho más vender un Oceanus con toda esa parafernalia que no cien o doscientos W-S210. Lo mismo que BMW gana mucho más dinero vendiendo coches de lujo que no productos asequibles como puede hacerlo Renault, aunque Renault venda el doble más de utilitarios, o el triple, su franja de beneficios por producto es infinitamente menor. Por eso queda patente que el boom de la era de los relojes de cuarzo digitales asequibles con tantas funciones y tan simpáticas se haya acabado. ¿Regresará algún día?

| Redacción: Zona Casio