Llegan los Edifice procedentes de las más oscuras noches de los tiempos


Imaginaros una aldea cualquiera en la baja edad media. Sus calles pestilentes por los excrementos y los cuerpos en descomposición, a los que sólo unas pocas órdenes religiosas se atreven a poner las manos encima. Las ratas callejean libremente, comiendo mugre y acampando a sus anchas por las esquinas. Los cuervos, y un sinfín de pájaros carroñeros, se agolpan sobre los tejados de las lóbregas casas. Sus sombras se recortan en la llovizna y bajo el oscuro cielo del invierno, creando fantasmagóricas formas sobre el húmedo suelo empedrado. De cuando en cuando se oye el rumor, o el lamento, de alguna familia destrozada entre la pobreza, la hambruna, y la peste.

Las campanas de la iglesia tocan a muerto. Llaman a un funeral más. Y ése reloj, ése diseño de números, agujas y esfera, bien podría ser éste mismo que ahora, en condensada miniatura, en comprimida esencia gótica, Casio presenta este mes.



Porque su diseño aúna perfectamente la estampa de los modelos más arcaicos, con sus impresionantes marcas diales culminando en un majestuoso número XII romano, y ése toque negro como una cortina penumbrosa en su fondo, con la más precisa tecnología relojera actual.

Es una aguja de catedral, un trozo de escultura neo-gótica, una prueba, un recuerdo mudo a ése ansia humana que quería desprenderse de las limitaciones del suelo, de las leyes físicas que lo ataban al degradado mundo, y empujarse, elevarse a los cielos. Sus dimensiones son, a escala relojera, las dimensiones de una catedral gótica, y sus quebradizos bordes, su diseño de agujas, los puntiagudos tejados adornados por gárgolas que parecen desprenderse de la piedra y cobrar vida propia.

Es uno de esos relojes que te retrotae, te inspira, te conmueve, a una quebradiza época que supo apoyarse en su debilidad y desesperación para crear, para formar, uno de los legados más esplendoros que la cultura humana haya conocido.

Es como un oopart en tu muñeca, un vestigio de lo que la fuerza de voluntad cuando se une con la fe pueden lograr. Es, en suma, en sí mismo, una evocadora obra de arte a escala.

Si lo buscas, tienes tres modelos que puedes elegir: el negro que encabeza el artículo, EFB-300L-1AV, el modelo con brazalete y armis (EFB-300D-1AV), y la versión más clara, tan luminosa como las cristaleras de una catedral gótica a plena luz del mediodía: el EFB-300L-7AV.


Todos ellos con cristal de zafiro, 100 metros de resistencia al agua, y una pila con una duración más que digna: tres años (es una SR920SW). Además, son retrógrados, y poseen tres subdiales para el horario 24 horas, el día y el número datario, todo ello en impecable analógico, por supuesto. Sus medidas son de 48,8 X 44,2 X 10,2 mm, con un peso de 75 gramos para las variantes de correa de cuero (genuino), o de 155 gramos si te decides por el de brazalete de acero inoxidable sólido.

| Redacción: Zona Casio