La sabrosa y esclarecedora entrevista de Guti con un relojero (un relojero «de los de verdad»)

Me ha encantado la entrevista que en el canal de Guti se ha publicado hace pocos días, realizada a un relojero de los que reparan relojes clásicos, los relojes mecánicos. Es decir, un relojero de los tradicionales. En concreto, a Miguel Martínez, de «Es hora de relojes», taller y centro de reparación oficial de marcas del calibre de Rado, Omega, Longines, Certina, Hamilton, Citizen… Vamos, de las mejores entre lo mejor del panorama actual relojero.

Sin embargo, en esa interesantísima charla no sé si os habéis fijado en un detalle, que a mí me ha llamado mucho la atención: que siendo una representación oficial y taller de reparación de marcas tan renombradas, solo sea una persona -él- la que esté reparando, y él solo pueda afrontar la demanda de reparaciones que le llegan (algunas de ellas necesitando varias horas de trabajo por reloj, como nos confirma en la entrevista).

Eso da que pensar. Lo primero que la relojería no es como antes, claro, y que los que usan mecánicos la mayoría jamás los llevarán a revisiones, mucho me temo que ni a reparar. Cosa lógica, porque sino no cerrarían tantos talleres. Pero la otra es que los que tienen relojes de lujo, tipo Omega y similares, queda en evidencia que tampoco los llevan. Supongo que esos los tienen y se los ponen para determinadas ocasiones y si atrasa un minuto o dos ese día tanto les da. Otra cuestión es que conociendo lo ávaros que son los que tienen mucho dinero, les costará un mundo soltar un penique para pagar las caras revisiones de esos relojes (que pueden acercarse en ocasiones a los mil euros), mucho me temo que incluso los altos ejecutivos que salen en la foto luciendo sus Rolex y sus Certina, nunca los llevan al relojero.

Es decir, que el porcentaje de mantenimiento debe ser ínfimo: uno por eso, y otro obviamente porque son cada vez menos los que usan en su vida diaria ese tipo de relojes hoy.

Lo que me dejó KO también, por cierto, fue que el señor Martínez, tan amante de los mecánicos e incluso que vive de ellos, mostrara y confesara que lo que usa a la hora de la verdad es una smartband, es decir, un reloj digital… Perplejo me he quedado que hasta un relojero de los más clásicos desprecie los mecánicos, los lleva de adorno, ¡y se fía más de un dispositivo electrónico! Con esto seguro que a un gran número de los aficionados a los relojes se les ha caído un mito al suelo. ¿Os imaginas a Adela de «Un lugar en el tiempo» con una smartband? Yo no me la imagino, sinceramente.

Y es que, como el mismo Guti decía durante la entrevista, los relojeros típicos han pasado a mejor vida y esa imagen de relojero tradicional en su pequeño taller reparando relojes y rodeado de tic-tac’s es más folklore que realidad. Una pena, la verdad.

Y por cierto, viendo el vídeo también me he dado más cuenta aún de la debilidad y fragilidad de un reloj mecánico, del sinsentido de llevarlo hoy, y de los gastos continuos que conlleva (además de su poca fiabilidad y exactitud). Claro, entiendo que cuando todo el mundo llevaba relojes mecánicos, y había una relojería en cada esquina, mantenerlos y repararlos era algo bastante fácil y asumible. Hoy no. Los relojeros escasean, sólo quedan los pocos centros de reparación oficiales, y meter un reloj en uno de ellos supone un gasto que, fuera de como capricho, parece muy poco inteligente afrontar.

Al fin y al cabo por mucho que algunos se empeñen, en este mundo de hoy manda lo digital. De lo contrario este post habría sido escrito con una máquina de escribir mecánica, y para leerlo tendrías que haber bajado al quiosco de tu barrio y haber comprado una revista. El mundo ha cambiado, aunque algunos aún se resistan a admitirlo.